BUENOS AIRES.- Varios minutos después del 5-2, Ricardo Julio Villa se fue de la cancha diciendo: "me van a hacer llorar". No se refería a la derrota de su equipo, sino al cariño que un grupo de dirigentes, hinchas y hasta periodistas tucumanos le retribuyeron a la salida de los vestuarios.

"Atlético es un sentimiento muy grande en mi vida, el club que me permitió avanzar en el fútbol grande, y donde pasé dos años y medios maravillosos", empezó a decir ante la consulta de LA GACETA. "En Tucumán la gente me quería realmente mucho, era algo muy gratificante", siguió cuando, en ese momento, un programa partidario, le regaló una camiseta con el número 10 y la palabra "Dios". "¿Ves? Algo de eso me decían", señaló. Enseguida comenzó una charla entre varios dirigentes de Atlético y Villa, quien en el último tiempo fue invitado dos veces a Tucumán para ser agasajado por el club, pero por distintos motivos no pudo viajar.

"Le vamos a dar una plaqueta en la revancha, eso seguro", anunció Mario Leito, el presidente. En su análisis del partido, Villa fue preciso. "Atlético pegó en los momentos justos. Hacer un gol a los 3 minutos es muy importante desde lo psicológico". A pesar de la goleada en contra, el técnico vivió el partido con tranquilidad, casi apartado del banco de suplentes del "halcón" de Varela. Las mayores indicaciones las daba su ayudante, Mariano De La Fuente.

"Hacía más de 10 años que no dirigía y ahora veo que hay mucha más presión que antes. Los jugadores sufren esa inestabilidad. Mi función es darles un equilibrio", dijo, antes de empezar a sacarse varias fotos con los allegados tucumanos, y de volver a confesarse: "me van a hacer llorar". (Especial)